Muchos se equivocan al calificar de motín a las trágicas jornadas de la Semana Santa de 1996 en Sierra Chica. Deberían comenzar por corregir ese concepto: en realidad se trató de un fallido intento de fuga.
Pero también se comete un error al pensar que, con su accionar, los peligrosos y temibles delincuentes conocidos como los XII Apóstoles no hicieron otra cosa que dar letra para que se escriban las páginas más escalofriantes de la vida carcelaria argentina; en realidad los doce pasan a la historia como los primeros reos que lograron torcerle el brazo al Estado. Con sus presiones al gobierno nacional y al gobierno provincial alcanzaron el objetivo que se habían propuesto una vez que no lograron escapar: un paquete de mejoras carcelarias que nunca hasta ese entonces había logrado pasar de la mesa de entradas correspondiente.
Después de una semana de horror, los presos llegaron a un acuerdo con las autoridades: se comprometieron a estudiar las condiciones de vida carcelarias; a revisar la situación de todos los penados incluidos reincidentes y condenados a prisión perpetua; a analizar la aplicación de la ley del "dos por uno" y la reducción de penas por robo de automotores; y a considerar el acceso de los reincidentes al beneficio de la libertad condicional.
Además el gobierno bonaerense accedió al traslado de 12 de los cabecillas del motín de la cárcel de Sierra Chica hacia el penal porteño de Caseros, donde luego volverían a amotinarse.
¿Cómo lograron todo eso? Por medio del terror sembrado al tener como rehenes a una jueza y un secretario de juzgado, junto a doce miembros del Servicio Penitenciario Bonaerense y tres reclusos religiosos.
Siempre tuve interés periodístico por saber qué había ocurrido en esos días, pero no fue sino hasta después de terminar “Pecado Capital” (publicado en 1997) que comencé a ocuparme de este tema.
En el año 2000 se llevo a cabo el megaproceso mediante el telejuicio y recién ahí consideré seriamente la posibilidad de una investigación para libro.
Sabía que debía contar la historia pero desde adentro de la carcel, tal como la vivieron los internos que sufrieron a los doce.
Después vendría la busqueda de contactos para “meterme” en las historias, y una vez que ví que había buen material para trabajar, me dediqué de lleno a hacerlo, sin tener definido aun qué editorial me lo publicaría.
Tal como explico en el prólogo, la idea original siempre fue que el libro estuviera en la calle en Semana Santa de 2006, en ocasión del décimo aniversario del motín.
Muchos saben que durante 2004 y 2005 recién pude realizar la investigación, pero distinas razones personales, entre las cuales la muerte de mi padre jugó un rol fundamental, llevaron a dilatar la salida del proyecto.
Armar el rompecabezas fue complejo y entretenido al mismo tiempo, ya que no todas las entrevistas se podían mantener en un mismo plano, a veces los consultados se focalizaban en lo que ellos consideraban que era lo más importante de sus vidas, y no todo pasaba por el objeto de la investigación, la mayoría de las conversaciones se orientaban hacia viejos reclamos carcelarios, incumplidas promesas de las autoridades, o la búsqueda de un rédito económico o laboral (dependiendo en este caso de la condición en que se encontrara, es decir si estaba en libertad o detenido)
Sólo una vez que comencé a desandar ese camino me di cuenta de la ascendencia que aun tienen los apóstoles sobre la población carcelaria.
Todos los consultados pidieron expresamente mantenerse en el anonimato. Pero allí no solo estaban las voces tumberas, sino también las de la gorra (es decir, penitenciarios), de políticos, de familiares de presos, y de vecinos.
Para obtener dichos testimonios tuve que trasladarme a Sierra Chica, para conocer bien de cerca a los entrevistados, muchos con evidentes rastros aún de que el paso de los años no borra los momentos vividos. En la gran mayoría, el miedo está presente en sus rostros o su forma de vida.
Penitenciarios en actividad que por teléfono aceptaron la reunión para la entrevista, pero que frente al encuentro ya habían cambiado de opinión. Jueces y funcionarios que prefieren olvidar lo vivido, sepultar el pasado, barrer la basura y arrojarla bajo la alfombra como si no estuviera allí, a escasa distancia de su realidad. Silencios que dicen más que mil palabras, sospechas que cumplen años, rabia contenida, y chismes lastimeros que terminan envueltos en espirales de viento. Todo eso sigue conviviendo con los habitantes de esa región. Desde Colonia Hinojo hasta Azul, desde Sierra Chica hasta Olavarría. En cualquier esquina, alguien tiene algo que decir, una suspicacia que agregar, o una queja que dejar asentada.
Todos dicen haber estado ahí, nadie faltó a la cita, como si fuera verdad.
Cuando inicié el trabajo, los XII Apóstoles estaban todos presos, algunos confinados en destinos patagónicos, otros en centros de máxima seguridad. Ahora que el libro se publica, muchos de ellos están en libertad, y el resto camino de obtenerla.
Hombres que fueron condenados por dos motines, por dos intentos de fugas, por crímenes atroces y sumaron años a sus condenas previas, y que sin embargo, en algunos casos, gozan del beneficio de la liberación.
Aquí les doy un pantallazo de la actualidad:
- Rubén Darío Ocanto Ramírez, alias “Daniel” “Pelado” o “el loco”, se encuentra en libertad desde el 30 de julio de 2008.
- Hector Daniel Nanini Galarza se encuentra en libertad.
- Miguel Angel Ruíz Dávalos, alias “Paraguayo Mígua”, se encuentra en libertad.
- Marcelo González Pérez está en libertad.
- Ariel Norberto Acuña Mansilla, alias “el gitano” o “el carnicero”, se encuentra en libertad desde el 1 de junio del 2007. En la U 25 de Olmos fue nombrado Pastor Evangelista. Hoy en día formó una familia, tiene un hijo varón y cumple tareas vinculadas a la actividad religiosa a bordo de una camioneta último modelo. Así logró dejar atrás los fantasmas desatados por su habilidad en cortar cabezas y picar carne humana para hacer empanadas.
Los líderes de la revuelta:
- Marcelo Alejandro Brandán Juárez, alias “Popó” está en la Capital Federal. Se encuentra alojado en la U 28 del SPF, calle Lavalle. Está allí a la espera de una pronta liberación.
- Jorge Pedraza, alias “Pelela”, mientras espera también por una inminente liberación, disfruta su estadía en la U 25 de Olmos, una cárcel VIP, ya que allí van sólo los evangelistas. Él no lo es.
Sierra Chica es, desde 1996, el parámetro para medir la gravedad de los motines en la argentina. Los doce lo son para estimar la ferocidad de los criminales. Y lo que ocurrió en esos días es la dimensión de la suma de errores que nunca más deberían volver a repetirse.
Si están dispuestos a leer el libro no me queda otra cosa que decirles “Bienvenidos al tren fantasma”, con el cual iniciarán un viaje de terror que bien podría ser una novela de ficción pero que lamentablemente es una impactante realidad que mancha de sangre y de verguenza a nuestra historia.






Gustavo Mura
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Gracias
BESO
Mariano .-
Abrazo de gol.